Las verdaderas razones por las que la ropa es tan cara y el plan del Gobierno para contener precios

Fuente: iProfesional ~ Cuando se habla del precio de la ropa, no hay lugar para el entusiasmo: la inflación de la indumentaria supera por varios puntos a la inflación general.

Para algunos será una tarea infructuosa, una pérdida de tiempo. Para otros, el intento valdrá la pena, al menos si lo que se logra es marcar una referencia de precios para el sector y no mucho más. Los intentos anteriores les dan la ventaja a quienes se muestran escépticos.

Cuando se habla del precio de la ropa, no hay demasiado lugar para el entusiasmo. La inflación de la indumentaria, y también del calzado, supera por varios puntos a la inflación general minorista.

En concreto: mientras en el último año, el IPC fue del 51,2%, la suba del rubro «indumentaria y calzado» alcanzó al 62,8%. Más de diez puntos de diferencia. Mucho.

Salvo los restaurantes y los hoteles, cuyos precios aumentaron 63% el último año, motivados por la liberación del turismo tras un año pandémico donde el sector estuvo prácticamente «apagado», ningún otro rubro estuvo a la altura de la indumentaria.

En breve, Matías Kulfas convocará a las principales empresas del sector para analizar el tema de los precios. El ministro de Desarrollo Productivo ya estuvo reunido con Martín Guzmán por esta cuestión hace unos días.

La idea de los funcionarios es que, en este 2022, los precios de la indumentaria y el calzado corran por detrás de la inflación promedio. Que ayude a tirar para abajo al índice de precios, en un año en el que el Gobierno planea descongelar las tarifas de los servicios públicos y de los combustibles.

Se trata de dos rubros clave -ya no sólo para el índice de precios- sino para el funcionamiento de toda la economía.

Con el consumo popular que recién ahora muestra una mejora -pero con el riesgo de que una inflación elevada frustre este incipiente crecimiento-, el Gobierno se juega a que una «contención» de los precios (en este caso de la ropa) mantenga viva la llama de la incipiente recuperación.

¿Qué pasa con la ropa? ¿Por qué no para de aumentar por encima del promedio? ¿Los empresarios se animan a las remarcaciones avalados por un proteccionismo que los demás no tienen? ¿Acaso gozan de una libertad de la que no pueden dar cuenta los sectores regulados por el Estado?

Sólo para recordar: el Estado regula -en parte- los precios de las telecomunicaciones, los medicamentos, las prepagas y de los alimentos. La inflación de la indumentaria supera por varios puntos a la inflación general

Precios: ¿argumentos válidos?

Los empresarios ya adelantaron su postura. Fue a través de un documento de la Fundación ProTejer.

Los ejecutivos dan cuatro razones, y vinculan los aumentos a cuestiones internacionales (suba de las materias primas y al costo de los fletes) y al propio movimiento del dólar en la Argentina. Algo que no debería ser de relevancia, si se toma en cuenta que el dólar subió bien por debajo de la inflación.

Según los empresarios, la producción de indumentaria requiere de costos que están dolarizados entre 50% y 60%.

No es la primera vez en la historia económica reciente que el precio de la ropa corre por encima del resto.

Ocurrió a comienzos de la era kirchnerista, cuando el inefable Guillermo Moreno aplicó controles sobre el valor de la indumentaria, incluso de aquélla de primera marca.

Puntualmente, los empresarios argumentan cuatro claves que presionan sobre los precios:

  • El aumento del valor de las materias primas a nivel mundial
  • La suba del costo de los fletes internacionales
  • El alza del tipo de cambio
  • Los cuellos de botella estructurales en una actividad que está en expansión en plena pandemia

Un reciente informe del IARAF (Instituto Argentino de Análisis Fiscal) reveló que la Argentina, y en menor medida Japón, son los únicos dos países en donde los precios de la indumentaria y el calzado subieron más que los salarios de la población.

¿Qué puede hacer el Gobierno en este contexto?

iProfesional habló con empresarios del sector, tanto confeccionistas como hilanderos y comerciantes, la última escala de la cadena bajo cuestionamiento.

El diagnóstico común es que si el Gobierno pretende algún acuerdo con el sector debe encararlo por el lado de las hilanderías. «Son tres o cuatro empresas que dominan el rubro», señalan. TN Platex, Texcom y Algodonera Avellaneda», refiere la fuente. Los empresarios argumentan cuatro claves que presionan sobre los precios

El resto del sector se encuentra muy atomizado, coinciden los empresarios consultados.

Para esos ejecutivos, es cierto que el aumento de las materias primas y el efecto de la pandemia en el costo de los fletes alteró los precios de los insumos de la industria textil.

Sin embargo, esos ejecutivos encuentran otras razones. Algunas que los hacen enojar cuando «cada dos o tres semanas, como mucho, recibimos las nuevas listas de precios con aumentos».

● Hay una recuperación del terreno perdido. El sector fue uno de los más golpeados por la crisis 2018-2020, y los empresarios intentan ahora agrandar sus márgenes de rentabilidad.

● También hay que tomar en cuenta que se trata de un rubro «volátil», que pasa de la protección estatal a la libertad total. «Los grandes empresarios toman recaudos, y cuando pueden avanzan en la rentabilidad», comenta un referente del sector comercial.

● La falta de dólares en la Argentina también repercute. Los empresarios saben que, a diferencia de otras épocas, ahora no hay ninguna chance de incrementar las importaciones de ropa o calzado. Simplemente porque el Banco Central se quedó sin divisas disponibles para hacerlo.

● Otra cuestión relevante: la escasez de mano de obra. Cuentan empresarios del sector que tras la devaluación, y la salida de la pandemia, una gran cantidad de trabajadores que se desempeñaban en los talleres se volvieron a sus países de origen. O emigraron al polo textil de San Pablo, en Brasil.

«Nadie consigue talleres. Es un cuello de botella importante», coinciden las fuentes consultadas.

En este contexto, hay una gran cantidad de empresas grandes y pequeñas que están invirtiendo fuerte. Pero mientras tanto esos cuellos de botella existen, la demanda ha reaparecido pero por ahora no puede ser acompañada por la producción. No al mismo ritmo, al menos.

La próxima semana, cuando Kulfas reciba a los empresarios, el ministro intentará desarmar una trama que parece muy difícil de desanudar.

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