Con la crisis renacen los históricos zapateros en Roca

Fuente: Río Negro ~ Aunque cada vez quedan menos, aseguran que el oficio no desaparecerá. Rubén Darío Avilés Heiland de 70 años aprendió de su padre que a la vez recibió la instrucción de italianos. Eduardo Vallejos es chileno y está decidido a trabajar hasta sus últimos días.

La crisis económica complica a muchos trabajadores pero ocurre lo contrario con los históricos zapateros que renacen en Roca. El motivo es que con los altos costos de un calzado nuevo muchos prefieren la opción de reparar.

En la ciudad cada vez quedan menos artesanos que se dediquen a salvar el calzado, aunque ellos aseguran que este oficio no desaparecerá.

Rubén Darío Avilés Heiland de 70 años todavía atiende su taller sobre calle Piedra Buena. El zapatero que nació en Cipolletti, se casó a los 22 y se vino a vivir a Roca.
“Mi mamá es alemana, nació en una colonia alemana en Puan, provincia de Buenos Aires y mi abuela es Hammerschmidt”, contó orgulloso.

El oficio lo heredó de su padre que era neuquino y que a la vez lo había aprendido de italianos.
“Mi papá tenía zapatería, mientras él se iba a la cosecha yo atendía su negocio. A los 12 años puse mi primera media suela. Antes era diferente el trabajo, se usaba suela de suela, y se clavaba, quedaban como fierro los zapatos”, recordó sonriendo.

Rubén además de reparar zapatos confecciona calzado a medida.

Rubén estudió en una escuela técnica y con los años se dio cuenta de que no le “gustaba trabajar para un patrón”.
Durante un tiempo se dedicó a la carpintería en la Villa El Chocón y luego de casarse con Leticia se mudó a Roca. “Poner una carpintería acá era muy caro y elegí volver a la zapatería”, contó.
Su primer local lo instaló en Tucumán entre Neuquén y Santa Cruz en 1975.

Hace 14 años, modificó uno de los departamentos que tiene en su casa y lo transformó en su nuevo taller. Él mismo fabricó las puertas ya que sabe soldar.
El tiempo ha pasado y aunque está jubilado, sigue rescatando calzados.
“Viene gente de todo el valle, de Neuquén, de El Cuy, de Villa Regina y uno los atiende”, mencionó.

Para él hay menos zapateros porque cuesta tener empleados para enseñar el oficio ya que “te sale una fortuna y por la falta de honradez de la gente”.
Igualmente tiene tres sobrinos que aprendieron y atienden el negocio que era de su padre en Cipolletti.
Rubén señaló que cuando ya no pueda trabajar más en la zapatería tendrá que cerrarla.

Con la crisis económica muchos eligieron reparar a comprar.

Además de reparar es uno de los pocos que confecciona calzado en la región.
“Aprendí a confeccionar solo, tengo hormas de diferentes modelos para hacer varios tipos de calzados”, contó.
Explicó que se le toma la medida del pie a la persona, y después se sacan los moldes, “tiene todos los detalles, el hacer calzado es como la modista con los vestidos, tenés que hacer los patrones, sino los sabés hacer es imposible”.
Rubén usa zapatos de vestir confeccionados por él.

“No fabrico en cantidad porque el zapato hecho a mano es muy caro. A mis nietas les hice desde que nacieron. También a una cliente que tuvo poliomielitis y le costaba conseguir zapatos”, relató.

“Siempre hubo trabajo”

“Siempre tuve laburo pero en este tiempo aumentó mucho, pero no hay mucho dinero”, comentó Eduardo Vallejos, un zapatero de 68 años que trabaja en el centro de Roca.
El artesano nació en Temuco, Chile y hace 50 años vive en la ciudad.

Las reparaciones que realiza Eduardo Vallejos son muy prolijas para que no se noten a simple vista.

Para Eduardo cada vez hay menos zapateros porque a los jóvenes nos les gusta este oficio. Cuando estudiaba en Chile su hermano era zapatero y “yo le ayudaba, ahí aprendí costura a mano, con este oficio críe a mis dos hijos, tengo dos nietas, de 12 y siete años”, relató.
En Roca formó su familia, y se casó también con una joven chilena de Temuco.

Su primer local la alquiló en San Martín y 3 de febrero. Ahora atiende sobre calle Belgrano.
“Aprendí arreglar zapatos pero ahora arregló mucho más zapatillas, por cada tres pares de zapatos hay 15 de zapatillas”, comentó.

Eduardo ha vivido varias crisis económicas en Argentina.
“Es un país muy interesante, los gringos se preguntan cómo hacemos si estamos en crisis, y acá gracias a Dios vivimos todos”, expresó sonriendo.

Eduardo aprendió el oficio de su hermano en Temuco, Chile.

Aunque durante su juventud usó muchos zapatos él prefiere ahora las zapatillas, “son muchos más blandas”, destacó.

“Este oficio siempre va a estar, voy a morir yo y alguien va a tener que arreglar zapatos, es como cortar el pelo, mi esposa es peluquera, no se hacés rico pero comes. Voy a seguir siendo zapatero hasta que Dios diga”, aseguró orgulloso.

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