Calzado femenino XL: encontró una solución para su drama y creó un boom en pandemia

Fuente: LM Neuquen ~ Tras años de no encontrar las hormas de sus zapatos, Florencia De Tullio lanzó Albertina, un emprendimiento online que creció en apenas meses con envíos a todo el país. Hace dos semanas inauguró un local en pleno centro neuquino. 

Inimaginable. Tras años de búsquedas frustradas, dolores, bronca y resignación, Florencia De Tullio comenzó a encontrar opciones de zapatos femeninos que calzaran con su número 42. Empática con otras mujeres que sufren la misma discriminación de mercado por calzar un poco más que la media, decidió apropincuarse unos cuantos pares de su número para venderlos. Total, si la apuesta salía mal, terminaría usándolos ella. about:blank

Sin embargo, sucedió todo lo contrario. Se fueron de sus manos como pan caliente, y no solo en Neuquén. La necesidad es tal, que su incipiente tienda online, impulsada desde las redes sociales, comenzó a generar envíos a diferentes provincias, incluido Buenos Aires. Si, a la mismísima capital donde dicen que Dios atiende porque allí se encuentra todo, solicitan a Neuquén calzado femenino de números grandes.

Omar Novoa

La curiosa aventura comenzó en enero de este año. Explotó en su modalidad virtual y, hace dos semanas, Florencia abrió las puertas de la primera sucursal de Albertina, en el local 7 de la galería Analía Torres del Solar, ubicada en Alberti 110.

Algo tan sencillo y nimio para muchas personas como vestirse y calzarse para llevar adelante la vida, es realmente un calvario para muchas otras. Si, esa prenda que protege el sostén del cuerpo puede convertirse en un gran tema y un verdadero dolor de cabeza cotidiano y, para muchas mujeres, un tabú también.

«Yo calzo 42 desde que tengo 14 años. Mi papá, basquetbolista, mide casi dos metros y aunque a él también se le complicaba conseguir zapatos, no le era tan difícil. Estaba dentro del estándar de varón más grande», comparó Florencia, en diálogo con LMNeuquén, en alusión a su padre Alberto, quien inspiró la marca de su negocio.

«Al principio no me daba cuenta de la situación en la que estaba, hasta que tuve que comprarme zapatos para ir a una fiesta de 15. No entendía bien qué pasaba. Yo tengo 36 años y en ese tiempo, hace 20 años atrás, no me animaba a preguntar si vendían zapatos más grandes, además no tenían. Me compré los más grandes, 40, y la pasé muy mal en la fiesta. Encima era un zapato cerrado porque era invierno. Me dolían mucho los pies. La estaba pasando realmente muy mal, así que me tuve que ir. Hasta el momento no había tenido problema porque me vestía con zapatillas de lona que tenían mi número», contextualizó.

«A mi no me entraba el pie en ningún zapato y cuando empecé a trabajar en una oficina fue peor porque no podía ir en zapatillas. Era un bajón porque nos iban cambiando los uniformes. Nos daban unos trajecitos divinos de colores distintos y había que ponerse un zapato acorde. Yo tenía que ponerme unas náuticas de lona porque no había calzado. Además, años atrás, los números grandes eran o muy extravagantes o muy de señora mayor, y yo tenía 18 años…», recordó la emprendedora.

«Una no puede elegir la ropa. Te vestís en función al calzado que conseguiste. No es por desmerecer o subestimar, pero la pilcha te la podés hacer a medida con una modista; con los zapatos es más difícil. Lo que te pueden ofrecer es una horma, pero el tema también es el largo del pie, el ancho, la caída del zapato. Yo por ejemplo soy 42 en todo, pero hay chicas que calzan 41 en zapatillas, en bota, 42 y en sandalia, 43. Hay tantos pies como personas en el mundo», explicó, como experta en un universo desconocido para muchos.

Lo más grave es que el problema no se circunscribe solo a lo estético. Tener que «entrar» si o si obligada por circunstancias protocolares o consuetudinarias en una horma más chica tiene un correlato a nivel salud. Además del dolor, Florencia sufrió hasta los huesos, más allá de las ampollas. «Llegué a lastimarme la parte ósea. Es re común el dedo martillo al intentar meter el pie en un zapato más chico», señaló.

«Podés ponerte una zapatilla urbana, alguna de hombre,pero no es la idea. El pie de mujer, es de mujer. Por más que sea 42, es más fino», sostuvo, dejando en un segundo plano el tener que conformarse con un modelo masculino, con colores y diseños diferentes a los confeccionados para el público femenino.

Omar Novoa

Fifty-fifty: solución, negocio y todas contentas

Aunque la vocación de Florencia está lejos del diseño y el comercio, siendo estudiante de instrumentación quirúrgica, hizo un verdadero estudio de mercado hasta encontrar la horma de sus zapatos. No conforme, se puso en los pies de otras mujeres y decidió intentar facilitarles una solución.

«La cuarentena te hunde o te hace resurgir. Yo siempre le decía a mi marido: ‘No puede ser que acá en Neuquén, con tanto crecimiento, no existan opciones’; y me dijo: ‘¿Por qué no empezás?’. Yo tenía miedo, pensaba: ‘Ya veo que me clavo todos los zapatos y no vendo nada», relató Florencia. No obstante, decidió jugarse por su idea.

«Empezamos con 12 pares de zapatos. Yo me había comprado unos para mi que me encantaron, así que pedí el mínimo al por mayor. Todo en 42 porque, si no los vendía, me los quedaba yo. En tres días vendimos todo por Instagram. El primer envío fue a Puerto Madryn. Se empezó a correr la bola en Neuquén y en un momento desbordó. Acá estaba la opción de probarlos y había mucha gente que quería ir a hacerlo. Era complicado coordinar horarios», contó.

«Un día, paseando por el centro, vimos un local que estaba en venta. Llamamos al dueño, le preguntamos si nos lo podía alquilar y muy gentilmente lo hizo en comodato. A mi me gustó porque está en el centro pero en una galería que no tiene mucho tránsito», manifestó destacando la ubicación del negocio que otorga reserva y accesibilidad al mismo tiempo, algo importante para sus clientas.

Omar Novoa

«Muchas tienen vergüenza de calzar grande. Algunas son 41 o 42 pero piden 40 y llegan al negocio con el pie imposible porque está muy lastimado», comentó. «De no conseguir, a tener muchas opciones en calzado súper moderno, se te abre un mundo. La otra vez, una chica lloraba porque encontró zapatos para casarse. Ella tiene un pie de 30 centímetros, casi 44, con un pie ancho. Logramos poder hacerlo con Daniel, un artesano divino. Ella lloraba», recordó.

«Nosotros no hacemos zapatos a medida, tenemos stock permanente. Lo que sí, siempre que hay una cuestión especial, intentamos resolver porque entendemos la necesidad. Aparte de nuestro proveedor, trabajamos con tres artesanos que nos hacen cosas a medida por requerimiento. Yo sé qué horma le puedo pedir a cada uno. Como eso se hace a mano tiene un costo adicional que se ve reflejado en el precio. De todas maneras, el tema de calzar 42 no tendría que ser diferente. La bota te sale por el diseño, su caída. Eso tiene un costo», manifestó al tiempo que remarcó que sus productos son elaborados con cuero.

«Para mi el tema del calzado es una cuestión muy personal. Me ha pasado de salir corriendo al correo para llegar con los tiempos de entrega porque una clienta tiene una fiesta pasado mañana y necesita sus zapatos», agregó.

«Hemos logrado unos modelos increíblemente modernos para números grandes. Entonces nos compra muchísimo afuera. Todos los días hago envío a Capital, Mar del Plata, Jujuy, a todos lados. El 70 por ciento de las ventas las tengo fuera de Neuquén, a través de la tienda online. Me sorprende que chicas de Buenos Aires compren en Neuquén y ellas igual. Los modelos que hemos logrado conseguir no están en todos lados y es una opción novedosa en número grande», remarcó.

Omar Novoa

Tras comentar que con su pareja , Natanael, se está acomodando para llevar adelante la actividad en el local, Florencia habló de sus deseos a futuro. «Ahora estoy asimilando todo esto porque es increíble. Me llegan mensajes de mujeres sorprendidas y agradecidas por los modelos que ofrecemos. Me gustaría tener sucursales en todas las provincias, muchas me piden que abra una sucursal en Buenos Aires», señaló.

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